Amar el caballo y la tapa es el fundamento de este negocio, que después de 30 años en la calle Almansa cabalga por el resto de Sevilla a lo largo de nueve establecimientos.

De gente de Manzanilla que venía a Sevilla a vender vino ya sabemos cuántas bodegas hay hoy en la ciudad. Pero, ¿y de Villanueva del Ariscal? Pues también las hay. La bodeguita Morales, en Garcia de Vinuesa, es buen ejemplo. Sin embargo, por expansión gana la partida El Picadero. Nació en la calle Almansa, pero actualmente hay picaderos por media Sevilla. Para picar bien. Por que picar es un arte. Bien lo sabían los hermanos Juan Antonio y Augusto García Sequeiros, que en 1975 decidieron dejar de bajar desde el Aljarafe y asentarse en la capital. Primero montaron en Reyes Catolicos la Bodega San Antón, templo del mosto de Villanueva. Pero como lo suyo era la doma vaquera, al siguiente local lo bautizaron como El Picadero. En pleno Arenal. Sólo había vino y tres tapas: Morcilla de hígado de Montellano, chorizo picante de Constantina y panceta ibérica de Jabugo. Tres puntos del buen comer andaluz unidos por el galope de los García Sequeiros. O por los García Sierra, continuadores de la saga que siguieron cabalgando por Sevilla para montar otro picadero en la calle Arguijo. Y otro en General Polavieja. Y en el callejon de Sierpes. Y en Pages del Corro. Y en Sanchéz Arjona. Y en Menéndez Pelayo. Y en Villejas y Marmolejo. Picaderos ecuestres para picar a lomos de un montaíto. Picaderito serrano: morcilla, chorizo y panceta. Salmorejo con tropezones y mucha pringá. Pringá que no falte, ni cerveza, la más fría. No tostadas mañaneras, por que en los picaderos el trabajo empieza a las siete, cuando todavía no hay sol. Entonces huele allí a tostadas con Jamón, con carne mechada, con chorizo. Con mil cosas. Todos los días del año desde hace tres décadas. Porque hace tres decadas ya desde que esta familia organizó la primera pisa de uvas en Sevilla. Fue en la calle Almansa, manantial de un viejo pozo en el que beben los caballos de Villanueva mientras Sevilla va comprendiendo qué es exactamente el arte de picar.

 

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